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Al igual que en las oficinas, los estadios tienen tecnología puntera para mejorar la experiencia de los usuarios
Cuando pensamos en grandes espectáculos como los conciertos de Taylor Swift o los partidos de fútbol en estadios como el Benito Villamarín, lo que solemos imaginar son los artistas, los deportistas o la pasión de los fans. Pero, ¿qué tienen en común figuras como Elvis Presley, Taylor Swift o incluso un club de fútbol histórico? Más allá de sus talentos o historia, todos se apoyan en un elemento invisible pero fundamental: la conectividad tecnológica que permite vivir esos eventos de forma única y globalizada.
Imagina que tu artista favorito está actuando a unos metros, rodeado por decenas de miles de personas. Cuando suena esa canción especial que te recuerda a alguien que no pudo venir al concierto, tiras de tu móvil, haces una videollamada y en ese preciso instante se crea una conexión profunda entre tú, tu ser querido y el artista. Algo que es posible gracias al esfuerzo y talento tecnológico.
Estos avances no son recientes. En 1960, Reginald Albury Fessenden hizo historia al emitir música por ondas de radio por primera vez, y en 1973, Elvis Presley cambió para siempre la música con el primer concierto transmitido en directo vía satélite desde Hawái al mundo entero.
En el estadio Benito Villamarín, en Sevilla, la apuesta tecnológica se ha convertido en clave. Un sistema de antenas distribuidas provee cobertura 4G y 5G en todo el estadio, garantizando velocidades altas y muy baja latencia incluso con los 60.000 aficionados llenando el recinto.
«El proyecto empezó hace unos años precisamente para garantizar la conectividad de todos los aficionados dentro del estadio», comenta Alejandro Cañestro, IT Manager del Real Betis Balompié. «Esto permite que, en entornos de alta densidad, podamos asegurar la conexión en todas las bandas de telefonía. Que fans puedan disfrutar no solo del fútbol, sino también de un ambiente de conectividad», explica.



Esta conexión mejora la experiencia del aficionado de un modo que antes no se podía imaginar. «Poder disfrutar de un gol del Real Betis con la familia, o celebrar la clasificación para una final europea haciendo una videollamada con un amigo que no pudo asistir, eso cambia mucho», afirma un portavoz del club. La conectividad une a quienes están en el estadio con quienes lo viven a distancia, compartiendo emociones casi como si estuvieran juntos físicamente.
Una experiencia que va más allá de lo visible en el campo o el escenario.
Además, los aficionados demandan experiencias más inmersivas. «Quieren estadísticas, datos de los jugadores; es un nivel completamente nuevo de inmersión que complementa lo que ven en el campo». Así, el evento en directo ya no pertenece únicamente a su espacio físico, sino que existe también en una realidad digital paralela donde millones pueden participar desde cualquier lugar del mundo.
El avance tecnológico permite que el espectador deje de ser solo un mero observador para convertirse en su propio director de televisión. «Puedes ver el partido en vivo delante de ti, pero también desde múltiples ángulos en tu teléfono, repetir una jugada clave, revisar un gol o incluso ver la misma acción desde otro punto de vista. Todo esto completa y enriquece la visión del espectador», detalla.
Este fenómeno de globalización y segmentación del espectáculo se refleja en cifras impresionantes.
La Super Bowl de 2025 fue vista por más de 150 millones de personas en todo el mundo, mientras que el último concierto de Taylor Swift en Sao Paulo alcanzó 50 millones de visualizaciones en TikTok en solo 24 horas. La ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de París acumuló una audiencia de 3,6 billones durante su duración.
Lo que antes era una experiencia compartida en un mismo lugar, hoy se transforma en contenido segmentado, dirigido y monetizado para audiencias específicas. La mediación tecnológica no solo redefine el evento sino la forma en que lo vivimos.
El diseño e implementación de estas tecnologías no es sencillo. Desde Polonia, un ingeniero de Cellnex, Marcin Augustyniak, describe los retos. «El principal desafío con estas instalaciones en estadios es crear un diseño profesional para el sistema de antenas distribuidas. Hemos desplegado más de cinco kilómetros de cableado en estos recintos». El proceso de aprobación con los operadores móviles es complejo, y adaptar las obras en un edificio vivo, con eventos constantes, añade dificultad. Pero los beneficios justifican el esfuerzo.



Los clubes valoran esta capacidad para potenciar la experiencia del aficionado más allá del evento físico. Compartir momentos en redes sociales, aumentar el entusiasmo y atraer a más fans es un resultado directo de esa tecnología. Los usuarios pueden localizar su asiento, encontrar el baño, hacer pedidos de comida o bebida desde el móvil, y comunicarse con sus amigos incluso en los momentos de máxima congestión. Como se dice, la cobertura móvil debería considerarse un estándar en los grandes eventos para evitar recuerdos negativos de desconexiones.
Pero la conectividad no se limita a grandes estadios o escenarios. En los edificios donde vivimos y trabajamos, asegurar un acceso de internet de alta calidad también es un desafío mayúsculo.
Hace cien años, los espacios de trabajo eran filas de escritorios con montones de papel y teléfonos fijos. Hoy, trabajamos conectados desde cualquier lugar en tiempo real. Algo análogo sucede con los grandes espectáculos, que han dejado de estar limitados a un escenario local para transformarse en eventos híbridos, transmitidos y participativos que alcanzan audiencias globales de inmediato.
La conectividad ha cambiado no solo la forma en que se transmite un concierto o un partido, sino cómo lo experimentamos. La próxima vez que disfrutes de un gran espectáculo, piensa que detrás de ese momento único hay toda una infraestructura que convierte lo extraordinario en algo cotidiano. Porque, en definitiva, «el show debe continuar».
No te pierdas el resto de capítulos para descubrir la conectividad y la energía en sectores clave.
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