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Nos encontramos en plena lucha contra el cambio climático. En esto, la Unión Europea juega un papel fundamental, liderando la transición energética y definiendo unos objetivos de descarbonización tan ambiciosos como necesarios para un futuro más limpio. La meta de alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 exige transformar desde el modelo productivo hasta la forma en la que se consume energía en varios sectores de actividad.
Por eso, estamos ante un momento decisivo.
Los últimos tiempos demuestran que la sostenibilidad energética ha dejado de ser una responsabilidad climática para convertirse en una cuestión vital de autonomía estratégica y supervivencia económica. En esa línea, la máxima prioridad de nuestro continente es encontrar el equilibrio entre alcanzar sus objetivos de descarbonización, garantizar la seguridad del suministro y promover la competitividad industrial.
Apostar por la independencia energética y la reducción del uso de combustibles fósiles, cuyos precios son volátiles y muy sensibles a la situación geopolítica, es hoy un imperativo ineludible. Por eso, más que nunca la reindustrialización europea pasa necesariamente por impulsar las tecnologías limpias y la digitalización y aprovechar las eficientes ventajas que estas herramientas pueden aportar.
Para lograrlo, la Unión Europea ha desplegado una importante batería de políticas comunitarias, entre las que destaca el Pacto Verde Europeo y la iniciativa REPowerEU, imprescindibles para que Europa alcance una soberanía energética real, basada en fuentes locales renovables.
Este propósito se enmarca en un contexto regulatorio ambicioso con metas concretas. A nivel europeo, la Ley del Clima y la directiva EPBD 2024/1275 marcan el camino, exigiendo que los nuevos edificios públicos sean cero emisiones desde el año 2028. En el ámbito nacional, el PNIEC y la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo (ELP) fijan los objetivos para 2030: reducción del 32% de emisiones y superar el 48% de energía renovable. Para materializar estos compromisos, se han desplegado instrumentos financieros como los Fondos Next Generation EU, los Planes PERTE (ERHA y Descarbonización Industrial) y los nuevos Certificados de Ahorro Energético (CAEs).
En este contexto, España tiene mucho que ofrecer. Y es que nuestro país cuenta con un músculo de energías renovables con una gran potencialidad.
Por eso, aprovechar este momento en el que nos encontramos es una oportunidad única de situarnos a la cabeza y liderar la coordinación necesaria hacia una industria verde europea. Y en esa misión, la colaboración público-privada resultará el principal motor de cambio.
Veolia, líder en descarbonización, economía circular y gestión optimizada de los recursos -agua, energía y residuos-, quiere contribuir a nuestra transición energética y demostrar que sostenibilidad y competitividad pueden y deben ir de la mano. Gracias a sus soluciones integrales y personalizadas, la compañía impulsa la descarbonización de empresas, ciudades e industrias. Y todo, combinando eficiencia energética, energías renovables y el espíritu de la economía circular que viene desde Europa.
El territorio español se compone de 8.131 municipios, de los cuales, el 80% son considerados pequeños. Esta radiografía territorial resulta ser el escenario perfecto para poner en marcha las soluciones estratégicas de descarbonización y eficiencia, ya que la mayoría de nuestros municipios cuentan con el tamaño óptimo para poner en marcha acciones en línea con los objetivos climáticos nacionales y europeos.
Para poder mejorar este escenario de consumo, existen dos palancas estratégicas con un potencial de ahorro extraordinario.
A nivel municipal, los análisis del consumo energético revelan una concentración en 3 ámbitos muy concretos: el alumbrado público, que consume de un 40% a un 60% del total; los edificios municipales (como polideportivos, centros culturales y educativos), que representan entre el 30% y el 40% del consumo; y, por último, las flotas municipales, conformadas por vehículos de mantenimiento y transporte público, que completan el mapa con una participación del 10% al 20%.
Con la primera palanca, la del alumbrado público, la tecnología LED permite reducir el gasto entre un 50% y un 70%, con retornos de inversión de tan solo 3 a 6 años. De los 8,8 millones de puntos de luz que tenemos en España, solo entre el 30% y el 40% han sido renovados, por lo que nos encontramos ante la posibilidad de mejorar más de 5 millones de luminarias en ahorro energético. Esta migración a LED no solo reduce la factura eléctrica y los costes de mantenimiento, sino que también disminuye las emisiones de CO₂ y la contaminación lumínica.
En cuanto a la segunda palanca, los edificios municipales, las posibilidades son variadas. La combinación de la implantación de iluminación LED, la optimización de sistemas de climatización, la mejora del aislamiento térmico y la instalación puede suponer un ahorro del 20% al 40%. Además, las instalaciones fotovoltaicas para autoconsumo permiten a los municipios avanzar hacia su autosuficiencia energética, completando así su camino hacia una mayor eficiencia local.
Todo esto puede ser una realidad accesible gracias al modelo de Empresas de Servicios Energéticos (ESEs). Se trata de un esquema de colaboración público-privada que elimina la principal barrera de entrada: la inversión inicial. De este modo, las ESEs se hacen cargo de la gestión integral de la energía, el mantenimiento y la conservación de las instalaciones, permitiendo que el municipio acceda a tecnologías avanzadas y mejoras inmediatas sin realizar un desembolso inicial.
En este sentido, Veolia ofrece una propuesta integral, referente en nuestro país, que combina suministro energético y servicios especializados para edificios y sistemas de alumbrado público municipal. Esta propuesta abarca la gestión energética optimizada que garantiza el suministro térmico y eléctrico más eficiente y el mantenimiento integral de las instalaciones, con acciones preventivas y correctivas que incorporan la modernización continua de equipos para asegurar su funcionamiento óptimo.
Esta estrategia impulsa además la inversión en energías limpias como la geotermia, la biomasa o la solar fotovoltaica y se complementa con soluciones de tecnología avanzada y personalizada como Hubgrade o las plataformas Smart Cities, que permiten monitorizar en tiempo real todas las instalaciones y facilitar la toma de decisiones basada en datos precisos.
Un ejemplo de cómo Veolia adapta su tecnología de vanguardia y la inversión a las necesidades de cada caso es el del Ayuntamiento de Umbrete, un municipio de 9.400 habitantes que se ha convertido en un proyecto puntero y tangible en descarbonización.
La primera fase de este proyecto se centró en el alumbrado público, con la renovación de 2.310 luminarias a tecnología LED y la actualización de 42 centros de mando y telegestión. Con estas acciones y gracias a una subvención que se hizo cargo de parte de la inversión inicial, Umbrete cuenta hoy con un ahorro energético del 65%.
Estos resultados han permitido ampliar el alcance de la iniciativa hacia la optimización energética de 17 edificios municipales y la colocación de dos instalaciones solares fotovoltaicas para autoconsumo colectivo. Como consecuencia a estos efectos tan positivos, el contrato con Veolia con la institución municipal se ha ampliado hasta 2041, garantizando la renovación continua de las luminarias y la modernización de los sistemas de telegestión.
Esta expansión del proyecto demuestra cómo el modelo ESE genera un círculo virtuoso: los ahorros del alumbrado público financian mejoras en edificios y energías renovables, multiplicando el impacto de la descarbonización.
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