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La industria redescubre el valor estratégico del reciclaje

La transición hacia una economía circular ya no responde únicamente a criterios ecológicos. La creciente dependencia exterior y las nuevas demandas regulatorias están acelerando la incorporación de materias primas recicladas en los procesos productivos europeos

Cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje, una fecha impulsada desde 2005 por la UNESCO que tiene como objetivo recordar la importancia de separar residuos para que los materiales puedan aprovecharse y reincorporarse al sistema productivo. Esta conmemoración este año coincide con un momento especialmente delicado: producimos más residuos que nunca antes mientras que la capacidad para gestionarlos sigue siendo insuficiente en gran parte del mundo. 

 

Según el informe ‘Global Waste Management Outlook 2024’ de la ONU, generamos, a nivel mundial, más de 2.000 millones de toneladas de residuos sólidos urbanos, de los que se recicla alrededor de un 19%. Este reciclaje es clave no solo para que toda esta basura no acabe en vertederos, sino para poner en marcha la economía circular, un modelo que busca reducir los desperdicios y la extracción de materias primas. Frente al esquema de “usar y tirar”, ese patrón invita a reutilizar y reparar también.

 

Teniendo en cuenta la escasez de materias primas y el aumento de los costes energéticos, el interés ha traspasado las fronteras de lo ambiental para formar parte también de la economía y las estrategias empresariales. 

La creciente presión sobre las cadenas de suministro, la dependencia europea de recursos externos y la volatilidad energética han vuelto a situar a la economía circular en el centro. Las denominadas “materias primas secundarias” (materiales recuperados y reincorporados al sistema productivo tras un proceso de reciclaje) se han convertido en un recurso industrial de primer orden. Ya no se trata únicamente de gestionar de forma eficiente los recursos, sino de garantizar una estabilidad en el suministro, en la capacidad productiva.

 

Y aquí es donde compañías especializadas como Veolia ocupan el centro del tablero para redefinir el papel tradicional del reciclaje.

Sectores clave como la automoción, la construcción o la agricultura, y, por supuesto, los envases afrontan ya las nuevas exigencias regulatorias. La legislación europea ha establecido objetivos vinculantes sobre los plásticos de un solo uso y sobre el porcentaje de material reciclado: un 25% para 2025 y un 30% para 2030 en algunos formatos PET. Según el reglamento que será de aplicación a partir de agosto de este año, se establece un 30% mínimo de material reciclado para envases de plástico sensibles al contacto (con algunas excepciones) y un 50-65% (según el tipo de envase) para 2040. Todo esto obliga a transformar tanto la gestión de residuos como toda la cadena industrial vinculada al diseño, producción y reutilización de materiales. 

 

En España, los PERTE se han convertido en una herramienta clave para impulsar proyectos estratégicos de recuperación y transformación económica. En la convocatoria de Economía Circular, cinco proyectos de Veolia han obtenido 9 millones de euros de financiación para desarrollarse hasta octubre de 2027.

La inversión se concentra especialmente en sus dos instalaciones de reciclaje de plástico en España, donde el año pasado se procesaron más de 130.000 toneladas de este material: 

En esta planta especializada en el reciclaje de PET apto para contacto alimentario, la dotación económica permitirá tratar tipos de plástico que hasta ahora resultaban difíciles de reciclar de forma mecánica, como el PET de bandeja u opaco. El objetivo es avanzar hacia soluciones de reciclado químico, una vía que está cobrando un gran protagonismo en Europa, y evitar que estos residuos terminen en valorización energética o directamente en vertederos por la complejidad de su separación.

 

Las actuaciones previstas incluyen la ampliación de la capacidad de recuperación y las mejoras tecnológicas buscan elevar la calidad del plástico reciclado. Sistemas más avanzados de clasificación, lavado y monitorización digital permiten reducir impurezas y minimizar la generación de microplásticos durante el proceso industrial, una de las preocupaciones crecientes para reguladores y consumidores.  Estos avances facilitarán que fabricantes y envasadores cumplan con los objetivos de contenido mínimo de plástico reciclado fijados por la normativa europea.

Estas instalaciones se centran en el tratamiento de plástico industrial, postconsumo y agrícola. Aquí la inversión se destinará a mejorar las técnicas de las granzas de polietileno reciclado para que puedan utilizarse en aplicaciones de mayor valor añadido, especialmente en sectores vinculados al packaging

 

Además, se optimizarán los procesos de filtrado y lavado para aumentar la eficiencia en el tratamiento de residuos plásticos procedentes de la actividad agrícola.Esta cuestión es especialmente relevante ya que uno  de los principales obstáculos para expandir el uso de plástico reciclado sigue siendo la calidad del material recuperado. Son muchas las industrias que se muestran reticentes a sustituir materia prima virgen por reciclada cuando esta no garantiza prestaciones equivalentes.

Pero la consolidación de una economía circular no depende únicamente de la oferta de material reciclado. También requiere estimular la demanda. Y ahí entra en juego un actor frecuentemente olvidado en el debate ambiental: la administración pública. La contratación pública en la Unión Europea representa aproximadamente el 14% del PIB de los 27 Estados miembros, lo que equivale a unos 2 billones de euros anuales. Es una herramienta estratégica clave para el crecimiento económico, la innovación y la sostenibilidad.

 

De esta premisa parte la guía práctica orientada a facilitar la incorporación de plástico reciclado en los contratos públicos que ha desarrollado Veolia junto con la Fundación de la Universidade da Coruña y ANARPLA (Asociación Nacional de Recicladores de Plástico). El documento incluye cláusulas ambientales ya redactadas, criterios verificables y recomendaciones específicas para ocho sectores: Diseño, Construcción y Gestión de edificios de oficinas y obras; Proyectos de diseño de carreteras; Mobiliario urbano y de oficina; Parques y jardines; Productos y servicios de limpieza; Alimentación y servicios de restauración; Contenedores y papeleras y Productos textiles.

 

Esta iniciativa, aparte de ser muy útil desde un punto de vista técnico, pone de relieve el cambio profundo en la concepción del reciclaje actual que mencionamos al principio. Por eso garantizar una demanda estable de materiales reciclados resulta hoy en día tan importante como aumentar la capacidad de reciclaje.

El Día Mundial del Reciclaje sirve para recordar que la transición ecológica supone rediseñar procesos industriales, repensar el consumo de materias primas y construir cadenas de valor capaces de combinar sostenibilidad, autonomía y competitividad económica.

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