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Dormir bien es fundamental para la salud y, sin embargo, es uno de los aspectos que más descuidamos. El ritmo acelerado (especialmente en las grandes ciudades), el estrés laboral y el uso constante de pantallas hacen que cada vez más personas tengan dificultades para disfrutar de un descanso reparador.
A menudo aparece como algo puntual que acaba por convertirse en la norma y provocar efectos negativos en el estado de ánimo o en la capacidad de concentración, entre otros. Y es que las consecuencias del insomnio van más allá de la sensación de cansancio: dormir poco y/o mal de forma habitual puede alterar el equilibrio emocional, aumentar el riesgo de padecer determinadas enfermedades y reducir significativamente el rendimiento en el trabajo o en los estudios. Además, cuando este problema se extiende a millones de personas, deja de ser algo individual para convertirse en un problema colectivo con implicaciones sociales, sanitarias y económicas.
En España, casi una de cada dos personas presenta síntomas de insomnio. Este porcentaje exige ampliar la mirada para analizar lo que se ha convertido en un verdadero problema de salud pública con repercusiones directas en la economía nacional.
Según datos del Instituto RAND Europe, España pierde cada año alrededor del 0,82% de su PIB (unos 12.000 millones de euros) por la caída de productividad asociada al insomnio. Dormir mal de forma recurrente puede ocasionar entre 11 y 18 días de absentismo por año, pero también con lo que conocemos como presentismo, que hace referencia a acudir al trabajo pero con un rendimiento muy por debajo de lo habitual (entre 39 y 45 días al año). En total, esto supone entre 44 y 54 días al año de pérdida general de productividad, que también se traducen en peor toma de decisiones, errores más frecuentes, mayor dificultad para evaluar riesgos y un incremento de la probabilidad de sufrir accidentes laborales.
Esto es lo que quiere visibilizar ‘Banco Nacional del Sueño’, la campaña que, con motivo del Día Mundial del Sueño que se celebra cada 13 de marzo, ha puesto en marcha la Alianza por el Sueño. El objetivo es mostrar de forma tangible el coste real del insomnio y concienciar acerca de la necesidad de cuidar el descanso.
Esta iniciativa cuenta con mensajes en varios espacios de la ciudad de Madrid y una web en la que los ciudadanos pueden abrir una cuenta en este particular banco. Especialistas sanitarios y economistas se encargarán de medir y analizar toda esta información para valorar el impacto de la falta de sueño en la población general. Los usuarios podrán valorar en primera persona la importancia del descanso y recibir consejos y herramientas para mejorar la calidad del sueño.
El insomnio no es un problema individual, puesto que las consecuencias de dormir mal se extienden a muchos sectores de la sociedad. No podemos permitir que la falta de sueño sea un importante problema de salud pública para toda la población española y que, además de ello, implique un coste económico tan elevado para nuestro país. Por tanto, debemos ser conscientes de la necesidad urgente de corregir esta situación por parte de instituciones, profesionales sanitarios y ciudadanía en general.
— Dr. Lorenzo Armenteros, miembro del Grupo de Trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) y de la Alianza por el Sueño
Uno de los ámbitos donde el impacto del insomnio resulta especialmente preocupante es el de la seguridad vial. Conducir con sueño o fatiga reduce la capacidad de reacción, afecta a la atención y multiplica el riesgo de cometer errores. Según la Dirección General de Tráfico (DGT), hasta el 30% de los accidentes graves están relacionados con la falta de sueño: dormir entre cuatro y cinco horas al día multiplica por cuatro el riesgo de accidente; menos de cuatro horas multiplica el peligro por once.
Además de las consecuencias humanas, estos accidentes tienen un coste económico de unos 16.000 millones de euros anuales para la sociedad española, lo que equivale a alrededor del 2% del PIB, según un estudio de la Fundación Instituto Tecnológico para la Seguridad Vial (Fitsa) y la Universidad Politécnica de Madrid.
El sistema sanitario también soporta parte del peso económico del insomnio. Uno de los ejemplos más claros es el gasto en benzodiacepinas, fármacos ampliamente utilizados para tratar los trastornos del sueño. En España, el gasto anual en estos medicamentos supera los 100 millones de euros. A pesar de su utilidad en determinados casos, su uso prolongado plantea riesgos relevantes para la salud, como el deterioro de la memoria y la capacidad de concentración y el riesgo de caídas en personas mayores, sin olvidar que se trata de fármacos que generan dependencia e incluso adicción.
Para los especialistas, esto refleja la necesidad de abordar el insomnio desde una perspectiva más amplia, que incluya prevención, educación en hábitos de sueño y tratamientos adecuados.
El desafío que supone dormir bien en nuestro país traspasa las fronteras del sistema sanitario. El insomnio genera pérdidas de productividad, aumenta el riesgo de accidentes laborales y de tráfico, y eleva la presión sobre la infraestructura sanitaria, con el gasto económico que conllevan esas situaciones. Ante ello, es fundamental tomar medidas que favorezcan el cuidado del sueño y el tratamiento del insomnio, no solo para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y pacientes, sino también para reducir las enormes pérdidas provocadas en la economía española.
— Dr. Gonzalo Pin, coordinador del Grupo Social de la Alianza por el Sueño y coordinador del Comité de Sueño y Cronobiología de la Asociación Española de Pediatría (AEP).
La falta de descanso altera el estado de ánimo, incrementa la irritabilidad y dificulta la gestión del estrés. La fatiga acumulada puede disminuir la empatía, aumentar la impaciencia y afectar a la comunicación, elementos clave para mantener relaciones saludables. Tanto es así que algunos estudios estiman que más del 10% de las rupturas de pareja podrían estar relacionadas con problemas de sueño.
El impacto del sueño insuficiente se observa con gran claridad en la población más joven: niños, niñas y adolescentes necesitan un descanso adecuado para un buen desarrollo físico, cognitivo y emocional. Sin embargo, los datos muestran que muchos menores no duermen lo suficiente. Según el último informe FAROS del Hospital Sant Joan de Déu, el 17% de los niños acude al colegio con sueño, mientras que un 4% llega incluso a quedarse dormido en clase. En el caso de los adolescentes, la situación resulta todavía más preocupante. El 24% reconoce que su rendimiento escolar se ve afectado por la falta de descanso, y más de la mitad afirma dormir menos de ocho horas durante la semana.
Dormir bien no debería ser un lujo ni un objetivo difícil de alcanzar. Los datos muestran que el descanso insuficiente se ha convertido en un problema estructural que afecta a la vida diaria de millones de personas y que tiene consecuencias que van mucho más allá del ámbito individual. Expertos y profesionales sanitarios coinciden en que mejorar la salud del sueño requiere una respuesta colectiva. Instituciones, empresas, profesionales sanitarios y ciudadanía tienen un papel clave en la promoción de hábitos de descanso saludables, en la prevención del insomnio y en el uso responsable de los tratamientos disponibles.
La iniciativa del ‘Banco Nacional del Sueño’, impulsada por la Alianza por el Sueño, pretende precisamente abrir esta conversación pública y visibilizar el impacto económico y social del insomnio.
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