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La modernización del campo pasa por la conectividad en zonas rurales

El mundo es tan digital que la palabra "compartir" se ha convertido en un concepto clave. Compartimos recuerdos, ideas, experiencias y hasta nuestra vida entera en redes sociales. Nuestra vida digital exige estar conectados en todo momento y lugar. Sin embargo, aún existen territorios donde el acceso a internet es una asignatura pendiente.

En ocasiones, son lugares remotos, de difícil acceso y con baja densidad de población. Unas características que hacen que la conectividad en estos sitios tenga que hacer frente a múltiples desafíos, tanto técnicos como logísticos.

Campo 4.0

En estas áreas rurales, tan necesarias para el abastecimiento alimentario y la conservación del medio ambiente, garantizar una conexión estable y de calidad no solo supone un avance tecnológico, sino una cuestión de supervivencia para muchas actividades, entre ellas la agricultura y la ganadería. La historia de Elio López, un ganadero de Abadín (un pequeño municipio gallego con apenas 3.000 habitantes) es un ejemplo patente de cómo la tecnología y las infraestructuras de telecomunicaciones pueden transformar la vida rural.

Elio López proviene de una familia dedicada a la ganadería y desde niño estuvo rodeado de animales, principalmente vacas. Esta experiencia vital lo llevó a estudiar veterinaria y medicina animal, campo en el que comenzó a reflexionar sobre cómo la tecnología podría facilitar las labores en las explotaciones ganaderas. De ahí surgió su proyecto innovador: un reloj inteligente para vacas llamado Rumi, que permite monitorizar en tiempo real el comportamiento y estado de los animales.

 

Como explica Elio López, «el collar tiene un panel solar, toma toda la información del animal y podemos saber si el animal está comiendo o incluso en celo. Enviamos esos datos a la nube para luego analizarlos con inteligencia artificial y enviar alertas al ganadero» según sus propias palabras.

Este sistema contribuye a una gestión eficiente del ganado y representa un ejemplo de la integración entre tradición e innovación en el campo. Sin embargo, para que esta tecnología funcione es imprescindible contar con una conexión a internet estable, algo que no siempre es sencillo en zonas tan remotas. Elio reconoce que «mantener una conexión estable en este tipo de lugares es un desafío porque aquí no hay gente, solo animales. Usamos tecnologías de bajo consumo y bajo alcance, perfectas para explotaciones con cobertura limitada de internet o móvil». Los datos recogidos por los dispositivos en las vacas son transmitidos a una pasarela local en la granja que los envía a la nube, lo que permite al ganadero acceder a la información desde cualquier lugar.

Infraestructuras compartidas

El alcance y la calidad de la señal en sitios como este no es producto del azar. Tras este proceso tecnológico están las infraestructuras compartidas, una práctica cada vez más habitual entre los operadores de telecomunicaciones.

Dado que la densidad poblacional en muchos de estos territorios hace inviable económicamente que cada operador despliegue sus propias redes, se opta por un modelo colaborativo donde se comparte la infraestructura básica, como antenas o torres, para abaratar costes y llegar a zonas aisladas.

Un ejemplo cercano a este modelo es el proyecto piloto que Elio López desarrolló junto a la empresa Cellnex en el sur de Portugal, en una extensa área rural sin cobertura móvil. Así, «en Portugal hicimos un proyecto piloto en una zona de más de 6.000 hectáreas sin cobertura móvil, y Cellnex puso las antenas para llevar señal a los campos, y solo tuvimos que colocar los collares en los animales». Iniciativas así demuestran que la colaboración público-privada es fundamental para fomentar el acceso universal a las redes digitales.

No es cuestión menor

La complejidad técnica y económica de construir estas infraestructuras es considerable. Elevar una torre de telecomunicaciones en un entorno remoto puede implicar el uso de grúas, hasta toneladas de hormigón para cimentación, y en algunos casos, despliegues mediante helicópteros para acceder a lugares inaccesibles por carretera. Además, las condiciones climáticas adversas, como en zonas montañosas, limitan las ventanas temporales para realizar las instalaciones y el mantenimiento.

 

En paralelo, las regulaciones europeas y nacionales impulsan estas iniciativas con normativas específicas y ayudas económicas, mientras que los gobiernos regionales y locales facilitan la ubicación de las infraestructuras mediante planes estratégicos y coordina la cooperación con cooperativas locales. Todo ello con el objetivo último de lograr la extensión de la cobertura en estos territorios y hacer viable la vida en el entorno rural.

El impacto social de estas mejoras va más allá de la mera conexión. La existencia de una red de telecomunicaciones fiable constituye un factor que puede atraer población al medio rural y fomentar actividades que tradicionalmente se han asociado a zonas urbanas, pero que hoy encuentran su viabilidad en el campo gracias al teletrabajo o al emprendimiento digital. La calidad de vida rural puede así combinarse con las oportunidades tecnológicas contemporáneas.

Para Elio López, las nuevas tecnologías representan una oportunidad única. «Crear esta iniciativa ha cambiado por completo mi recorrido personal y profesional«. Lo que comenzó como un proyecto universitario con un amigo se ha convertido en una solución que ayuda a ganaderos no solo en España, sino también en países tan diversos como Portugal, Estados Unidos o Nueva Zelanda.

La importancia de compartir infraestructuras no se limita a las zonas rurales. En las ciudades, aunque la densidad de población es elevada, la disponibilidad de espacios para instalar antenas es limitada y costosa. Así, la colaboración entre operadores para instalar equipos conjuntos en azoteas, compartiendo rentas y espacio, no solo reduce costes, sino que mitiga el impacto ambiental y visual en ambientes urbanos protegidos.

Asimismo, este modelo sostenible contribuye a reducir la huella de carbono, muy significativa en el sector de las telecomunicaciones debido al pesado material que implica cada torre y al consumo energético asociado. Disminuir el número de instalaciones replicadas reduce esta carga ambiental y optimiza los recursos, algo fundamental para un desarrollo tecnológico responsable.

La vida rural está experimentando un cambio profundo gracias a la combinación de infraestructura y tecnología. La historia de Elio López y sus vacas conectadas pone rostro y voz a un fenómeno que representa mucho más que un avance técnico. Es la apuesta por un mundo rural vivo, funcional y conectado que puede equilibrar las tensiones entre la tradición y la modernidad, demostrando que el futuro del campo pasa también por la innovación y la cooperación.

¿Qué pasó en…?

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