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La conectividad de personas, objetos y servicios dibujan un nuevo hábitat
Las grandes ciudades europeas funcionan al ritmo de una red inteligente, constante y casi invisible que da conectividad a todo lo que nos rodea. En París, Madrid o Londres, el ciudadano medio se conecta a internet sin ser consciente muchas veces de todo lo que hay detrás que se lo permite.
Las videollamadas en el metro, los pagos instantáneos en tiendas y un sinfín de servicios que utilizamos en el día a día (incluso la regulación de los semáforos o la activación de las luces) operan en segundo plano.
Pero, como decimos, no solo las personas están conectadas; también lo están las farolas, los semáforos, las cámaras de tráfico, los autobuses, los contenedores de basura y hasta los bancos públicos. En Roma y Ámsterdam, los nodos de intercambio de datos superan los 10 terabytes diarios, mientras que en Copenhague el 98% de los hogares ya cuenta con acceso a fibra o 5G. Ese tejido digital, sin embargo, requiere una infraestructura cuidadosamente planificada y una tecnología de vanguardia para atravesar muros gruesos, vidrio metalizado y las densidades de población más exigentes.
Esta conectividad está transformando las ciudades y dibujando un nuevo hábitat en el que también tienen oportunidades los viejos conocidos.
Los que ya peinan canas seguramente recordarán como las calles estaban repletas de quioscos, un símbolo tradicional del paisaje urbano. En este nuevo estilo de vida digital, estos muebles urbanos han transitado hacia un nuevo rol. No solo venden prensa: actúan como puntos Wi-Fi, pantallas interactivas, terminales de recargas y pagos, e incluso nodos de servicios públicos y turísticos. Es decir, siguen siendo un punto clave para la información.



Urban Service Point (USP) es uno de los actores que han empujado esa transformación de los quioscos. Su CEO, Luis Sancho, explica que conseguir tener verdaderas ciudades inteligentes (Smart Cities) no es solo un objetivo común, sino “una misión para todos los países europeos. Gracias a nuestra alianza con Cellnex, contamos con conectividad 4G y 5G en pequeñas celdas dentro de los quioscos por toda España”.
Estos pequeños dispositivos apenas tienen 20 o 30 centímetros, según explica Sancho, quien detalla que para la mayoría de la gente “son invisibles porque están en el techo del quiosco”.
Para dar esta nueva vida a los quioscos, su empresa se encarga de homogeneizar toda la instalación. “Pintamos, optimizamos el metal, y al final solo ves una caja pequeña”, detalla. La finalidad es clara: tejer una red capilar de alta capacidad desde el mobiliario urbano. “Ofrecemos una red para desplegar estas antenas, de modo que todos los ciudadanos y barrios puedan aprovechar la velocidad del 4G y 5G”.
Las posibilidades de conexión de este mobiliario urbano van mucho más allá de poder ofrecer conexión a Internet. Gracias a estas small cells, “muchos casos de uso (como los vehículos autónomos) serán posibles”, afirma Luis Sancho.
De hecho, la visión que USP no se queda únicamente en la conectividad pura. “Hablamos de un modelo multiservicio: desplegamos puntos de acceso, taquillas de última milla y, por supuesto, antenas 5G. Prevemos que los quioscos se conviertan en centros de servicios más que en simples puntos de prensa”, señala Sancho. Esta evolución entronca con el auge logístico: hoy existen más de 336.000 puntos de recogida y entrega en Europa, con alrededor de 43.000 taquillas automatizadas conectadas a la red urbana, muchas integradas en esos mismos quioscos.
Desde el lado de la infraestructura, Cellnex describe el desafío de conectarlo todo y las soluciones que ofrece. El mayor reto en los centros urbanos es la enorme cantidad de personas y dispositivos en espacios reducidos; se requiere mucha capacidad para poder conectarlo todo. Para solucionarlo, Cellnex despleiga soluciones macro (torres y azoteas), small cells y sistemas in-building para todo tipo de edificios: oficinas multiinquilino, conciertos, estadios y hospitales. Pero quizá lo que pasa más desapercibido para la mayoría de los ciudadanos son estas pequeñas células de conectividad, frente a las torres de telefonía móvil que podemos ver en las azoteas. De hecho, las farolas son el lugar más común para instalar small cells porque están en todas las calles de todas las ciudades. Sin embargo, también se usan marquesinas publicitarias, paradas de autobús y quioscos, incluso los antiguos de telefonía.
Las carencias de cobertura en ciertas zonas tienen explicación técnica. Muchos edificios antiguos de piedra, pero también y los nuevos construidos con acero y hormigón con vidrio metalizado bloquean la señal inalámbrica y generan reflexiones. Algo que puede empeorar la conectividad. La respuesta a estas situaciones pasa por densificar la red y compartir infraestructuras.
Dentro de diez años habrá redes muy densas en todas las ciudades, con muchas small cells, más emplazamientos macro y elementos activos compartidos. El 5G será ubicuo y ya estará el 6G, con traspasos sin fricción entre macro, small cells y Wi-Fi. Las aplicaciones de baja latencia soportarán vehículos conectados y servicios públicos impulsados por IA, además de experiencias urbanas personalizadas con superposiciones de realidad aumentada. Ese es, al menos, el reto con el que se trabaja.
Cellnex recalca el papel de USP como socio clave. «USP es uno de los colaboradores más importantes de Cellnex en el despliegue 5G sobre mobiliario urbano. El 5G aporta mayor ancho de banda, datos mejorados y transmisión más rápida; su menor penetración en interiores y alcance más corto se compensa con el aumento de estaciones y small cells», sostiene Jordi Sanchís, Site Management Director de Cellnex en España.



En esta metamorfosis, los quioscos han cambiado de aspecto y propósito de forma radical. Mañana será el turno de vehículos, comercios y otros elementos que definen el espacio urbano. Tras la apariencia de utopía tecnológica, la ciudad seguirá siendo el lugar donde la vida fluye y las interacciones humanas ocurren. Y para que eso suceda, mejor que no falle la lluvia de datos.
“Las ciudades se parecen cada vez más a una red respirando”, resume Sancho. “Si logramos que esa respiración sea homogénea, discreta y potente, el ciudadano no notará la tecnología: simplemente vivirá mejor”.
No te pierdas el resto de capítulos para descubrir la conectividad en sectores clave.
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