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Un lugar para reencontrarse con lo esencial
Castilla-La Mancha

Ante la Serranía Baja de Cuenca y al límite con la provincia de Valencia, se encuentra la pequeña localidad de Mira, el destino perfecto para quienes buscan desconectar de lo cotidiano y reencontrarse con la raíz de la España más auténtica y rural.

Situada en el límite entre Castilla-La Mancha y la provincia de Valencia, y encajada en la comarca de la Serranía Baja de Cuenca, Mira es un lugar puro y genuino, ideal para bajar el ritmo, respirar aire puro y reencontrarse con lo esencial. Con apenas mil habitantes y a unos 830 metros sobre el nivel del mar, es el destino ideal para quienes buscan una escapada simplemente reconfortante.

Un tesoro escondido de Castilla-La Mancha

Entre colinas suaves, pinares y el murmullo pausado del río Mira, se encuentra el que seguramente es uno de los secretos mejor guardados de Castilla-La Mancha: la pequeña localidad de Mira, que se alza sobre una loma e invita a la calma y al reencuentro con la España rural más tradicional y costumbrista. La vida sucede en torno a su Plaza asoportalada, donde se encuentra el ayuntamiento. A partir de aquí, surgen pequeñas calles empedradas repletas de casitas blancas y tejados rojizos  que son el bálsamo perfecto contra la prisa.

Cada paso te invita a estar muy presente. Puertas, balcones y ventanas de madera dan paso al antiguo lavadero y la fuente vieja, en lo más alto del pueblo. Sus monumentos más importantes son sus dos iglesias: la de Nuestra Señora de la Asunción y la Ermita de la Piedad, del siglo XVI. 

© Turismo de Castilla-La Mancha | David Blázquez

Naturaleza en estado puro

En lo más alto de Mira, el visitante se enfrenta a una panorámica impresionante del valle y los montes de alrededor. El atardecer es un espectáculo natural que se queda para siempre grabado en la retina.

 

Y es que el hecho de que se encuentre en una colina, con un desnivel que supera los 800 metros entre su punto más alto –el pico Cabero– y su cota más baja, da lugar a una vegetación de lo más singular en sus alrededores. Pinos, sabinas, enebros, plantas aromáticas silvestres y encinas se alternan con cultivos de almendros, olivos, viñedos y huertas a la vera del río. El agua hace de hilo conductor: el río Ojos de Moya atraviesa el término municipal, donde toma el nombre de río Mira. Al suroeste aparece el río Cabriel, que hace de frontera natural y aporta frescura, color, biodiversidad.

 

Es un entorno realmente único para reconectar con la naturaleza de la manera que sea: quizá haciendo senderismo, quizá una ruta en bici, quizá observando aves, quizá divisando estrellas en las noches despejadas.

© Turismo de Castilla-La Mancha | David Blázquez

Gastronomía que reconforta

Pero, además del encanto rural de sus construcciones y del entorno natural, Mira sabe también conquistarnos por el estómago. La cocina típica conquense tiene en este municipio su espacio con platos como el morteruelo, los gazpachos manchegos, los guisos de conejo de monte, liebre o perdiz… Todo con productos de la tierra y con elaboraciones tradicionales, para una experiencia culinaria tan exquisita como honesta.

Para alargar un poco la estancia

Para quienes quieran extender la visita, a una media hora en coche se encuentra el municipio de Moya, que limita con Teruel y Valencia y cuyo Conjunto Histórico ocupa 59,7 hectáreas. Merece la pena visitar el cerro donde hay restos de asentamientos desde la Edad de Bronce. Entre sus múltiples atractivos se encuentra el antiguo castillo o alcázar medieval, que fue transformado a finales del siglo XV por el primer marqués de Moya, don Andrés de Cabrera. 

 

En la dirección opuesta, una opción para completar la visita a Mira es Enguidanos, un lugar donde se puede leer la historia de España, desde los yacimientos celtíberos hasta las guerras carlistas. Los amantes de la naturaleza no pueden perderse las Chorreras del Cabriel, una zona natural formada por saltos, cascadas y pozas de agua cristalina que sorprende por su belleza natural.

© Turismo de Castilla-La Mancha | David Blázquez
© Turismo de Castilla-La Mancha | David Blázquez

Un destino para mirar despacio

En Mira, el tiempo parece moverse a otro ritmo. Entre el rumor del río, el aroma de los pinos y el silencio de sus calles empedradas, quien se acerca hasta este lugar aprende que aún existen espacios donde es posible encontrar lo auténtico, lo esencial, la raíz.

Ya sea para una escapada corta o para perderse unos días entre naturaleza, historia y buena mesa, Mira invita a detenerse, respirar y observar con calma. 


Haz una pausa, mira a tu alrededor…
y prepárate para enamorarte de Mira

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