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Correos: compromiso histórico con la igualdad

Desde la primera mujer “correo” en el siglo XVII hasta la igualdad de facto en sus plantillas. La historia de Correos ha sido una que no podría contarse sin mencionar el esfuerzo de sus trabajadoras. 

En Correos, la presencia de la mujer está ligada prácticamente a toda su trayectoria. Fue la primera compañía estatal española y de la Administración en incorporar mujeres a su plantilla, quienes, muy pronto, se convirtieron en un pilar fundamental de una de las empresas más importantes de nuestro país.

Esta es la historia de la mujer en Correos.

Abriendo paso hasta hoy

1648. La guerra de los 30 años da a su fin, con la firma del Tratado de Osnabrück; además, los Países Bajos se independizan del Imperio español con la firma del segundo Tratado de Westfalia. Muere el poeta español Tirso de Molina. El barroco impregna las artes, estamos en plena Edad Moderna

En este contexto, el papel de la mujer no es muy diferente al del medievo, pero ya hay quien marca la diferencia. Y es que es en este año cuando encontramos a la primera mujer “correo”, a la primera cartera de nuestro país, en Portugalete (Vizcaya), donde tuvo lugar el primer envío. Debido al éxito de esta hazaña, durante casi un siglo solo mujeres prestarían este servicio.

En 1830 ya había encargadas de estafetas o conductoras de travesía que llevaban la correspondencia a caballo o a pie. Medio siglo más tarde, llegaba a la empresa española la primera telegrafista. 

Las familiares de los carteros de estafetas telefónicas unipersonales podían ser contratadas como auxiliares, como fue el caso de Josefa Álvarez Portela, esposa del oficial encargado de la estación vallisoletana de Nava del Rey (Valladolid). Solo un año después, ya eran 40 las trabajadoras que ocupaban puestos de auxiliar. 

En 1909 se convocaron las primeras oposiciones para “auxiliares femeninas de 2ª clase” y habría que esperar hasta 1979 para la primera convocatoria oficial en igualdad para hombres y mujeres.

Un homenaje a nuestras históricas

Por todo lo anterior, la historia de Correos es, en parte, la de la emancipación femenina y la incorporación de la mujer en la esfera laboral y su crecimiento como empresa está ligado al esfuerzo de sus trabajadoras que durante siglos han levantado lo que es hoy la empresa de servicio postal.

Como homenaje a las mujeres españolas, y diseñada por la artista Isa Muguruza, Correos lanzó una colección muy especial de sellos en los que se pone en alza el papel que estas mujeres han jugado a la hora de representar el feminismo de nuestro país. 

Su legado es hoy más valioso que nunca por ser pioneras, luchadoras y libres.

Federica Montseny

Hija de padres libertarios, Federica Montseny mostró desde muy pronto su pasión por la escritura y, con apenas 15 años, publicó su primera novela Horas Trágicas. Con 18, empezó a colaborar en cabeceras de temática política y anarcosindicalista, como Solidaridad Obrera. Ya afiliada en la CNT, destacaba en mítines y campañas, gracias a sus excelentes dotes de oradora.

En noviembre de 1936, unos meses después del estallido de la Guerra Civil, Montseny fue nombrada Ministra de Sanidad y Asistencia Social del gobierno de la II República, convirtiéndose así en la primera mujer en ocupar un cargo así en España, y una de las primeras de Europa, tras figuras como Aleksandra Kolontái (URSS) o Margaret Bondfield (Reino Unido).

Aunque su labor se vio afectada por la guerra y la corta duración del gobierno del que formaba parte, Montseny llevó a la cámara interesantes propuestas que, aún hoy, siguen teniendo vigencia social, como la inclusión de personas con discapacidad en el mundo laboral, la inspección de centros sanitarios o la creación de la Oficina Central de Evaluación y Asistencia a Refugiados.

El legado de Montseny es incomparable y, aunque a menudo ha sido invisibilizado, es una de las mujeres a las que Correos ha dedicado uno de sus sellos dentro de la colección #8MTodoElAño.

María Blanchard

María Blanchard

María Gutiérrez-Cueto Blanchard nació en Santander el 6 de marzo de 1881, en una familia acomodada de la nueva burguesía montañesa. A causa de una caída de su madre cuando aún estaba en el útero, Blanchard vino al mundo con una deformidad física en la columna vertebral que le valió las burlas de otros niños y un profundo trauma para el que encontró alivio en la pintura.

Ante su despunte en esta disciplina, su familia le animó en 1903 a mudarse a Madrid para estudiar artes y formarse en el estudio de Emilio Sala. Posteriormente, recibiría una beca para continuar sus estudios en París, donde acudió a las academias de Vitti y María Vassilief

Fue en esta última donde Blanchard entró en contacto con el Cubismo, la corriente artística del momento que le enamoró y que le valió el reconocimiento de sus pares Pablo Picasso y Juan Gris. A este último, además de la vanguardia, le uniría una larga amistad.

La santanderina se convirtió en el mejor exponente del cubismo y, durante toda su vida, vivió obsesionada con la belleza, que siguió explorando en otros estilos como la figuración y que sublimó hasta el final de su vida. Cuando con 51 años ya estaba agotada y con signos visibles de tuberculosis, Ramón Gómez de la Serna plasmaría sus últimas palabras: “Si vivo, voy a pintar muchas flores”. 

Y lo consiguió: su obra es hoy considerada como una expresión de color, amor, ternura y belleza.

Clara Campoamor

Nacida en Madrid en 1888, Clara Campoamor tuvo que empezar a trabajar a la tierna edad de 10 años, tras la muerte de su padre. Cuando en 1909, Correos convocó las primeras oposiciones para Auxiliares femininas, Campoamor decidió presentarse y, a la edad de 21 años, se convirtió en funcionaria.

Gracias a este trabajo, esta figura empezó a frecuentar algunos lugares junto a intelectuales madrileños de la época y conoció de cerca el conocimiento teórico de activistas, como la feminista y sufragista Carmen de Burgos, que le influiría de por vida. Así, comenzó a mostrar interés en la política.

Su empleo, además, le permitió retomar sus estudios y terminar el bachillerato y licenciarse en Derecho. Tras Victoria Kent, se convirtió en la segunda mujer en ingresar en el Colegio de Abogados de Madrid y pronto empezó a ejercer como tal, hasta su salto a la política. Y es que Campoamor resultaría elegida diputada nacional el 28 de junio de 1931.

A ella le debemos la aprobación del sufragio femenino en España que se aprobó unos meses después, el 1 de octubre de 1931, lo que resultó en una victoria agridulce para Campoamor, que vio cómo a este logro se habían opuesto miembros de su propio partido.

Su lucha fue más allá del voto y también abogó por el divorcio y la igualdad de los hijos e hijas naturales (nacidos fuera del matrimonio).

En 1988, Correos emitió un sello dedicado a Clara Campoamor, conmemorando el primer centenario del nacimiento de esta ilustre política y trabajadora de Correos y Telégrafos. Ahora forma parte de la colección #8MTodoElAño junto a Montseny, Blanchard y otras mujeres de nuestra historia.

La historia también se escribe hoy

Conscientes de que cualquier día es bueno para seguir escribiendo la historia, Correos sigue hoy avanzando hacia un horizonte más igualitario y justo.

La empresa alcanzó la paridad en 2016, con un porcentaje que supera el 53% de mujeres en plantilla. Además, cada vez acceden más a promociones, ocupando el 54,59% de las jefaturas intermedias de la organización.

También se llevan a cabo políticas específicas para la ayuda y protección de las víctimas de violencia de género (desde 2008, Correos forma parte de la Red de Empresas por una Sociedad Libre de Violencia de Género) y políticas de conciliación personal y profesional

A nivel interno, se ha establecido un código general de conducta para prevenir cualquier situación de discriminación y acoso y un plan de diversidad e inclusión que garantiza la igualdad de trato y de oportunidades para todas las personas que forman parte de Correos.

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