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El histórico hotel del Paseo de la Castellana celebra las fiestas con gastronomía de autor, estética italiana, cenas de gala, brunchs de ensueño y la posibilidad de ver la Cabalgata desde sus habitaciones
La Navidad en el InterContinental Madrid comienza con la misma promesa de cada año: vivir unas fiestas como en ningún otro sitio. Inspirado en la Dolce Vita, esa forma de vivir basada en el disfrute de los placeres sencillos y cotidianos como una buena comida, una agradable conversación o un baile pausado, el hotel ha transformado sus espacios en un manifiesto totalmente a favor de la belleza y la elegancia. La experiencia comienza al cruzar sus puertas, bajo su mítica cúpula donde el tiempo parece detenerse, el ruido de la ciudad se convierte en un lejano murmullo, y la vida transcurre de forma lenta pero intensa. En este escenario las fiestas brillan de una forma especial e inolvidable.
En 1960, Federico Fellini estrenaba ‘La Dolce Vita’, una película que pretendía romper con un periodo anterior oscuro marcado por la guerra y la miseria. Aquí nace un estilo visual, con una Roma que se viste de sofisticación, de glamour, de esplendor. Una Roma que vuelve a brillar y defiende un disfrute de la vida contagioso.
No es casualidad que el InterContinental, que abrió sus puertas en 1953 en la capital, haya elegido esta temática como hilo conductor para las fiestas de 2025. Durante estas semanas, el lobby central se ha transformado en un lugar mágico que combina a la perfección ese brillo italiano con la tradición navideña. El protagonista indiscutible de este espacio es, por supuesto, el gran árbol ubicado en la parte central, que irradia la luz y calidez que se espera de estas fechas, al que acompañan arreglos florales que evocan jardines italianos en invierno.



Hablar del InterContinental es hablar de su cocina y hablar de su cocina es hablar de Miguel de la Fuente. El chef acostumbra a convertir cada celebración en un ejercicio de precisión y creatividad y estas fiestas son una nueva muestra de ello: ha diseñado deliciosos menús que rinden homenaje al producto y a la técnica, sin abandonar ese toque emocional que convierte cada plato en parte de la celebración.



El 24 de diciembre, las familias madrileñas y otros tantos viajeros fieles al hotel podrán reunirse bajo la gran cúpula para la tradicional cena de gala de Nochebuena con música en vivo. En la velada, pensada como un homenaje a la exquisitez, ser servirán platos como el salpicón de gamba roja con jugo de hojas verdes, foie mi cuit con anguila ahumada y pan de nueces molido, crema de bogavante al Pernod Ricard con ravioli de centolla, merluza de anzuelo en infusión de lemongrass y tapioca, paletilla de lechal a baja temperatura con pesto rojo y un postre de yuzu con caramelo tostado y grosellas.
La noche del 31 es pura celebración y la gran cena de Fin de Año del InterContinental es, probablemente, una de las más buscadas de la capital. Un menú a la altura de la fiesta que constará de seis pases que combinan técnica y refinamiento: crujiente y meloso de cigala con matices de tierra, ensalada de pichón en escabeche de tamarindo, foie asado con manzana crujiente y consomé clarificado, lenguado y percebes en salsa de prosecco con caviar ahumado, tournedó de ternera de la Sierra de Guadarrama con crema trufada y colmenillas y un postre final de chocolate, limón y fresas ahumadas*. Pero la fiesta no acaba en el paladar, sino que continúa hasta altas hora de la madrugada con música en vivo, DJ y el ambiente más especial para dar la bienvenida al nuevo año con mucho glamour.
* Posibilidad de adaptar el menú para comensales vegetarianos o con intolerancias alimenticias.
Cada domingo, cientos de personas cruzan la puerta del InterContinental para disfrutar de sus estaciones de cocina en vivo, sus mariscos, su selección de quesos internacionales y su mesa de postres artesanales. En Navidad, esta experiencia se multiplica. Los días 25 de diciembre, 1 de enero y 6 de enero, el hotel celebra tres brunchs especiales que son, seguramente, las citas más esperadas de la temporada. En estas ocasiones los asistentes podrán disfrutar de más de 200 elaboraciones en formato buffet. Un festival para los sentidos dedicado a los verdaderos fans de la Dolce Vita.



El 5 de enero, cuando la ciudad rebosa magia, el InterContinental celebra una de sus tradiciones más queridas: una merienda buffet en la que tanto los adultos como los más pequeños de la casa disfrutan de las horas previas a la noche más especial del año.




En esta ocasión, en el menú no faltarán elaboraciones tan deliciosas como las croquetas melosas de jamón ibérico, el foie con maracuyá, el bikini de mortadela trufada, las gildas de anguila ahumada o una irresistible variedad de dulces artesanales, entre los que se encuentra, por supuesto, el clásico Roscón de Reyes de nata o trufa y la tarta milhoja InterContinental.
Los niños y niñas contarán con una zona habilitada para ellos y un menú a su gusto con burgers de wagyu, hot dogs o pollo crujiente con salsa BBQ. Para coronar esta tarde de Reyes, el hotel ofrece la posibilidad de ver la Cabalgata desde sus habitaciones con vistas al Paseo de la Castellana, una experiencia realmente inolvidable.
* incluye cava, café y refrescos
El InterContinental Madrid es un pedazo de la historia de la ciudad. Fue el primer gran hotel internacional inaugurado en España, y su apertura marcó un antes y un después para la capital. Construido sobre el antiguo palacio del duque de Aliaga, conserva elementos fundamentales del proyecto original del arquitecto Luis Martínez-Feduchi, como la chimenea de mármol de Carrara del salón Toledo, las puertas originales o la entrada de carruajes reconvertida en la “placita”, además de la fuente art déco del escultor Ángel Ferrant.
Actualmente, el hotel cuenta con 302 habitaciones, de las cuales 33 son suites. Destaca la suite real, inaugurada en 2009, con 400 m² y una terraza de 180 m² con vistas a la Castellana.
InterContinental Madrid, ese deseo se hace realidad en forma de experiencias que tocan el alma y permanecen en la memoria. Porque vivir la Dolce Vita es mucho más que disfrutar: es reconocer la belleza del momento y guardar su luz para siempre.
La propuesta para esta ocasión va más allá de celebrar una fecha: el hotel quiere festejar un estado de ánimo a partir de su gastronomía de autor, de la música en vivo, de la belleza arquitectónica, de la decoración evocadora.
Cada mínimo detalle es, como en las grandes escenas del cine italiano, un recuerdo para toda la vida, un destello suspendido en el aire, un brillo que permanece cuando se apagan las luces. Y es que, al final, lo que queda no son los adornos ni las mesas perfectas, sino los momentos vividos alrededor de ellas en la mejor compañía.
Esa es la verdadera magia del InterContinental: convertir una Navidad más en la Navidad que siempre recordaremos
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