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volvemos
a los bares

Con la gradual vuelta a nuestra vida antes del confinamiento, los bares están cumpliendo una función esencial a la hora de reunirnos y ver a nuestra gente. En las grandes ciudades, es habitual ver esta nueva estampa con amigos y familiares disfrutando en terrazas, pero ¿qué hay de nuestros pueblos? ¿Cómo están viviendo la desescalada?

Esta es la gran historia del único bar de un pequeño pueblo.

El enclave

Mózar, Zamora

En plena España vaciada, Mózar es una pequeña localidad de la provincia de Zamora que cuenta con unos 100 habitantes durante el año y vive de la agricultura y la ganadería. Bañado en el costado por la orilla del truchero río Tera, este pueblo con un atractivo geográfico sin igual se encuentra en el corazón del valle y sirve de lugar de reunión de toda la comarca.

Prueba de ello es su playa fluvial, que, en palabras de los mozareños, recibe tantos visitantes que su orilla parece la de Benidorm. Situada en un paraje que es puro estímulo para los sentidos, la ribera del Tera es un lugar privilegiado.

Mucho más para tener un bar.

27 años al frente

El bar

Jesús y su mujer están al frente de Puente Mózar desde hace más de 25 años, un acogedor establecimiento con un toque irlandés que congrega cada día a locales y visitantes. Su encanto reside en una terraza acristalada que no descansa en invierno, y otra exterior que acoge a los visitantes y bañistas que multiplican a los lugareños durante la época de verano.

Durante la vieja normalidad, esta terraza ha actuado también de escenario perfecto para abrazos, besos, saludos efusivos e, incluso, collejas entre los mozareños de mayor confianza. 

Su enclave en el epicentro del valle le permite también reunir a vecinos de los pueblos de alrededor, que se trasladan hasta aquí para disfrutar de una caña grande y del popular y exquisito cochinillo que su dueño Jesús se encarga de cortar con un plato.

Por ello, Puente Mózar no se trata de un bar cualquiera, sino que cumple una función esencial para el bienestar de la comarca. Sus más de 60 mesas funcionan como un centro social para todos, prometiendo descanso y escapar de la rutina o desconectar del trabajo tras un duro día de campo. Pero, sobre todo, promete disfrutar de un refrigerio con una buena tapa y unas vistas magníficas

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El estado de alarma

El 13 de marzo Jesús recoge las últimas mesas de su terraza y anuncia el cierre en Facebook, entre mensajes de fuerza y ánimo y, de forma especial, comprensión. El suyo, como los más de 300.000 negocios hosteleros que se reparten por España, echa la persiana sin fecha de apertura.

Con la llegada del estado de alarma al día siguiente, Mózar, al igual que el resto de España, se confina. Muchos visitantes abandonan el pueblo para regresar a sus casas y quienes se quedan, lo hacen en el interior de su hogar, esperando unas buenas noticias que aún tardarán en llegar.

Mózar se para en una estampa inédita, a excepción de aquellos que, con profesiones ligadas a la agricultura y la ganadería, han de seguir levantándose cada día para hacer que la actividad esencial no pare. Ellos, testigos de un extraño fenómeno cada mañana al ir a trabajar, ven desde la carretera las calles vacías del pueblo, las persianas bajadas de las casas y el césped y la maleza abriéndose paso y creciendo sin que nada se lo impida.

Jesús, a pesar de estar al aire libre en su jardín, no puede evitar sentirse encerrado

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En confianza

El calor

Laura trabaja como comercial en el grupo Mahou San Miguel. Vive en Zamora y, junto al resto de su equipo, se encarga de ayudar en el día a día a bares y restaurantes de su zona y de estar al lado de los dueños y sus empleados para todo aquello que necesiten. Todo funciona como en una pequeña gran familia en la que el contacto se basa en el calor, la cercanía y la confianza.

En su zona como comercial, Laura lleva Mózar. Conoce a Jesús y su bar desde hace años y mantienen una relación excepcional en la que se ven prácticamente todas las semanas del año. Tanto es así que en la vieja normalidad era habitual que las conversaciones, a veces de trabajo, a veces no, tuvieran lugar con unas tapas y unas cañas en el jardín de la casa del mozareño.

Por eso, cuando se establece el confinamiento, Laura y Jesús, como muchas otras familias, siguen en contacto a través de la tecnología. Mensajes, correos electrónicos, llamadas de teléfono… que sustituyen las visitas, los abrazos y las tapas. Sin embargo, el trato personal se mantiene y Laura y Jesús no dejan de hablar para darse ánimo mutuamente.

Incluso, y como es normal, en estos tiempos de incertidumbre e inquietud, Jesús le pide consejo en confianza.

Un buen día, suena el teléfono en casa de Jesús. Cuando lo coge, Laura le saluda al otro lado del aparato como quien saluda a un familiar cercano. Trae buenas noticias.

 

Cervezas Alhambra · San Miguel · Mahou · Agua Solán de Cabras

La familia

Lo que Laura le cuenta a Jesús en esa llamada es que el Grupo Mahou San Miguel no se ha olvidado de bares como el Puente Mózar, esenciales para la vida de los pueblos, durante el cese de la actividad hostelera. 

Por el contrario, el grupo cervecero, tras el que se encuentran cuatro marcas icónicas -Cervezas Alhambra, San Miguel, Mahou y Agua Solán de Cabras-, va a realizar una aportación extraordinaria de sus productos de cerveza y agua mineral natural por un valor de una facturación de 75 millones de euros para los bares.

De este modo, dueños como Jesús pueden dar el impulso y la fuerza que necesitan a su establecimiento a la hora de reabrir y volver a la nueva normalidad.

Así nace #SomosFamilia, una campaña que pone en el centro a los que más han notado los efectos de esta situación y que trata de ayudarles en lo que necesitan y de estar para lo bueno y para lo malo, como en todas las familias. Esta acción representa la idea de que hosteleros, proveedores, distribuidores y consumidores forman una familia alrededor de los bares y pone de relieve la importancia del sector en nuestro país, tanto a nivel económico como social.

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El reparto más importante

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La vuelta

Así, con este respaldo tan especial, Jesús reabre el 25 de mayo el Puente Mózar casi tan emocionado como el primer día que se puso tras la barra.

Como son tiempos extraños y desconocen cómo va a reaccionar la gente, él y su mujer deciden hacerlo con una pequeña inauguración con sus 6 empleados, para celebrar que, finalmente, han podido reabrir el negocio conforme a las normas sanitarias. 

Con esto, su intención es la de que las personas que pasen por ahí les vean y se vayan acostumbrando a esta nueva normalidad, para que, con el tiempo, pierdan el miedo de acercarse a tomar una cervecita con familiares y amigos.

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Sin embargo, no tardan en aparecer los primeros vecinos de Mózar que se acercan al bar para saludar, siempre con el distanciamiento social, a dueños y empleados, y unirse así a esta pequeña celebración. 

En cuestión de unos momentos, todas las mesas en esta nueva distribución de su aforo están ocupadas y Jesús y los suyos se dan cuenta de que tienen que dejar la fiesta para ponerse a trabajar con el gusto inmenso, eso sí, de saber que al fin están de vuelta.

“Caña para arriba”,”¡tapas para la mesa 2!”, “¡cuánto tiempo, Jesús!…” A las mesas se sientan amigos y seres queridos que vuelven, por un lado, con muchas ganas de su caña grande, y por otro, con mucho respeto y orden para hacerles su trabajo más fácil a Jesús y los demás en esta nueva situación.

Que no falten nunca los bares

De este camino tan difícil, salimos con varias cosas nuevas aprendidas.

Una de ellas quizá haya sido que ojalá no nos falten nunca los bares. Su valor social, actuando como nuestros lugares de encuentro después de estos tiempos tan difíciles, ha sido fundamental, no solo para la economía, que lo ha sido mucho, sino también para nuestra felicidad.

Y es que gracias a ellos, hemos podido disfrutar de un escenario perfecto para volver a ver a aquellos que de verdad nos importan y con los que hemos comprobado que tomar una cerveza por videollamada no es suficiente.

Tras este tiempo en casa, amigos, amigas, madres, padres, hijos e hijas, colegas, parejas… hemos podido, al fin, salir y sentarnos a tomar algo, y compartir momentos y emociones al lado de personas de las que jamás pensamos tener que separarnos

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Testigos de estos reencuentros tan especiales, muchos negocios hosteleros han vivido una reapertura emocionante, llena de ilusión, con saludos en la distancia, brindis en el aire y mucho cariño a dos metros.

Además, estos establecimientos han ofrecido con sus mesas y barras la mayor seguridad, permitiendo un mayor espacio interpersonal, señalando los hábitos de precaución y dotando de geles hidroalcohólicos y medidas de higiene y desinfección profesionales. Nunca ir a tomar algo al bar más cercano había sido tan beneficioso para todos.

Con #SomosFamilia, desde el 25 de mayo, Puente Mózar abre cada día para ser anfitrión encuentros, risas, y cañas entre familiares y amigos que ya no se echan de menos, porque pueden reunirse en torno a la mesa de su bar favorito.

“Sí se echan de menos las collejas de la vieja normalidad.” cuenta Jesús. Algún día volverán.

Un proyecto de La Razón para