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“Recuperar el movimiento de un brazo tras un ictus no garantiza necesariamente autonomía en la vida cotidiana”

  • La Terapia Ocupacional trabaja sobre la relación entre persona, actividad y entorno para favorecer la autonomía y la participación en actividades como vestirse, cocinar, estudiar, trabajar, desplazarse o relacionarse

 

  • Olga I. Fernández Rodríguez, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud y coordinadora académica del Grado en Terapia Ocupacional de la UEMC, explica cómo esta profesión ayuda a convertir la recuperación funcional en autonomía y participación en la vida diaria

El 27 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Terapia Ocupacional, que este año se celebra bajo el lema internacional ‘Participation Matters’ (‘La participación importa’). La jornada pone el foco en una cuestión esencial para esta profesión sanitaria regulada: recuperar una capacidad no siempre significa poder volver a realizar de forma autónoma aquello que una persona necesita, quiere o espera hacer en su vida cotidiana.

 

Recuperar el movimiento de un brazo después de un ictus es un avance importante. Pero una persona puede recuperar esa movilidad y seguir teniendo dificultades para vestirse, preparar la comida, utilizar el transporte público o volver a su puesto de trabajo.

 

“Recuperar una función concreta no significa necesariamente que la persona pueda participar de forma autónoma en su vida cotidiana”, explica Olga I. Fernández Rodríguez, profesora del Departamento de Ciencias de la Salud y coordinadora académica del Grado en Terapia Ocupacional de la Universidad Europea Miguel de Cervantes (UEMC).

 

La Terapia Ocupacional busca que las personas puedan participar “con la máxima autonomía posible” en las actividades que necesitan, quieren o esperan realizar. Vestirse, asearse, cocinar, estudiar, trabajar, cuidar de otras personas, desplazarse, relacionarse o disfrutar del tiempo libre forman parte de lo que esta profesión entiende por ocupación.

 

Por eso, su intervención parte de una visión amplia de cada persona. “Se hace desde una perspectiva integral, 360 grados”, señala Fernández Rodríguez, teniendo en cuenta las capacidades físicas, cognitivas, psicológicas y emocionales, pero también el entorno, los roles, las rutinas y los intereses.

Recuperar una capacidad para volver a hacer algo significativo

La intervención comienza con aquello que resulta significativo para cada persona y con sus propios objetivos. “Las actividades significativas para la persona son el punto de partida de la intervención”, explica la profesora de la UEMC.

 

A partir de ahí, la Terapia Ocupacional puede recurrir al entrenamiento y reentrenamiento de actividades, la rehabilitación motora, cognitiva, sensorial y perceptiva, la modificación y adaptación de tareas o el desarrollo de estrategias compensatorias. También contempla la prescripción ocupacional y la prescripción de productos de apoyo, además de la adaptación y graduación de actividades y de los entornos.

 

En una persona con artritis, por ejemplo, las dificultades pueden aparecer al abrir recipientes, utilizar utensilios de cocina o abrocharse los botones. La intervención analiza las limitaciones de la persona, pero también las características de la actividad y del entorno en el que se desarrolla.

 

El entorno también puede marcar la diferencia

La autonomía no depende únicamente de las capacidades de una persona. La accesibilidad de la vivienda, el centro educativo o el puesto de trabajo, la organización de las actividades y los apoyos disponibles pueden facilitar o dificultar la participación.

“El entorno puede marcar la diferencia entre dependencia y autonomía”, afirma Fernández Rodríguez. Una adaptación del baño, una modificación de una superficie de trabajo o la reorganización de un puesto laboral pueden cambiar la manera en que una persona realiza una actividad cotidiana. “La Terapia Ocupacional tiene que ver con que las personas puedan seguir haciendo aquello que es importante para ellas”, resume la coordinadora académica del grado.

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Una profesión con nuevos ámbitos de intervención

La Terapia Ocupacional está presente en hospitales y servicios de rehabilitación, atención temprana, salud mental, neurología, geriatría, discapacidad física, intelectual y sensorial, educación, servicios sociales, centros de día, residencias y atención comunitaria y domiciliaria.

 

También desarrolla su actividad en áreas como la ortopedia, la accesibilidad y la adaptación de viviendas y puestos de trabajo.

 

El envejecimiento, la prevención de la dependencia y la fragilidad, la atención domiciliaria, la autonomía en la comunidad y la salud mental plantean nuevas necesidades para la profesión, a las que se suman la adaptación de los entornos y las nuevas tecnologías aplicadas a la rehabilitación.

Investigación para favorecer la autonomía

En la UEMC, el Grupo de Investigación en Participación y Rendimiento Ocupacional (INPRO) desarrolla su actividad en este ámbito y trabaja sobre cuestiones relacionadas con la autonomía, la participación y la calidad de vida.

 

Entre sus líneas de trabajo se encuentran la salud mental, el envejecimiento, la fragilidad y las nuevas tecnologías aplicadas a la intervención.

 

Uno de los estudios desarrollados en el ámbito de la salud mental ha analizado una intervención centrada en actividades cotidianas individualmente relevantes y ha encontrado mejoras significativas tanto en el desempeño como en la satisfacción con esas actividades.

 

INPRO participa también en PREFRAG-RURAL, un proyecto europeo orientado a desarrollar un nuevo modelo de atención para prevenir la fragilidad de las personas mayores en zonas rurales despobladas de España y Portugal.

 

Otro de los proyectos, MOVE-ON, aborda el trabajo con personas mayores mediante una combinación de ejercicio multicomponente y realidad virtual no inmersiva, analizando sus efectos sobre la función, la autonomía y el desempeño ocupacional.

 

La actividad investigadora incorpora además a los propios estudiantes, favoreciendo su participación en proyectos desarrollados desde el grupo y su aproximación a la investigación aplicada.

Formarse para favorecer la autonomía

La formación de los futuros terapeutas ocupacionales combina conocimientos clínicos con el análisis de las actividades y del entorno. Los estudiantes aprenden a valorar capacidades físicas, cognitivas, sensoriales, psicológicas y emocionales, analizar las dificultades que pueden aparecer en las actividades cotidianas y diseñar intervenciones ajustadas a cada persona.

 

En el Grado en Terapia Ocupacional de la UEMC, esta preparación se completa con una formación práctica que incluye impresión 3D, fabricación de órtesis, rehabilitación virtual y técnicas de neurorrehabilitación, además de actividades prácticas, visitas y contacto con profesionales y entidades.

 

El grado mantiene además colaboración con el Colegio Profesional de Terapeutas Ocupacionales de Castilla y León (COPTOCYL) y con iniciativas como Aulas Abiertas.

 

La formación práctica se completa con dos rotatorios amplios de prácticas externas, que permiten a los estudiantes trasladar sus conocimientos a diferentes ámbitos profesionales y conocer de primera mano el trabajo de los terapeutas ocupacionales.

 

Junto a los conocimientos técnicos, la relación con las personas ocupa un papel fundamental. La alianza terapéutica, la escucha activa, la empatía, la comunicación y el trabajo en equipo forman parte de las competencias necesarias para ejercer la profesión. Entre las que destaca Fernández Rodríguez se encuentran “la escucha activa, la empatía, la comunicación, el trabajo en equipo, la resolución de problemas, la flexibilidad y la capacidad de adaptación”.

Un amplio campo laboral

La diversidad de ámbitos de intervención abre también un amplio abanico de salidas profesionales. Los terapeutas ocupacionales pueden trabajar en centros de salud, colegios, mutuas, hospitales, asociaciones, centros base, centros de referencia estatal, centros de rehabilitación psicosocial, centros de rehabilitación laboral, centros ocupacionales, centros de recuperación de personas con discapacidad física y ortopedias, entre otros recursos.

También pueden desarrollar su trayectoria en investigación, docencia e innovación, así como en ámbitos relacionados con la accesibilidad, la adaptación de entornos, el envejecimiento activo, la prevención y los servicios orientados a la autonomía y la participación.

 

Según los datos difundidos por la UEMC, el Grado en Terapia Ocupacional registra un 100 % de empleabilidad.

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Volver a participar

La Terapia Ocupacional sitúa así el foco en una pregunta que va más allá de si una persona ha recuperado una determinada capacidad: ¿puede volver a hacer aquello que necesita, quiere o considera importante?

 

Ese enfoque conecta con el sentido del Día Mundial de la Terapia Ocupacional y con su lema, ‘Participation Matters’. Porque mejorar una función es un paso importante, pero recuperar la autonomía significa poder utilizar esa capacidad para volver a participar en la vida cotidiana.

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