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Ahorrar no consiste solo en apagar luces o bajar el termostato. Implica revisar cómo se construyen y funcionan los edificios, las instalaciones industriales y las infraestructuras para detectar pérdidas, aprovechar los recursos disponibles y ajustar el consumo a lo que realmente se necesita.
La Agencia Internacional de la Energía (AIE) estima que la demanda eléctrica máxima mundial podría aumentar alrededor de un 40% hasta 2035 (informe ‘World Energy Outlook’, 2025). Ese aumento obliga a una doble tarea: ampliar la generación de bajas emisiones y evitar que parte de la electricidad se desperdicie por ineficiencias en su producción, distribución o uso. En ese segundo frente, la eficiencia deja de ser un complemento de la transición energética y se convierte en una de sus condiciones.
Una buena forma de ilustrar este reto es fijarnos en la climatización. Un edificio mal aislado necesita más energía para mantener la temperatura, y unos equipos mal regulados gastan de más incluso siendo eficientes. Mejorar la envolvente térmica, renovar equipos y controlar su funcionamiento permite actuar desde varios frentes. También importa cuándo se consume: los sistemas de gestión pueden desplazar ciertos usos para reducir picos y aprovechar mejor la generación renovable.
A estas actuaciones se suman soluciones que recuperan energía que de otro modo se desaprovecharía, como el calor residual de determinados procesos industriales. Su viabilidad depende de la temperatura, la continuidad del recurso y la existencia de consumidores cercanos que puedan utilizarlo. Cuando esas condiciones se cumplen, la recuperación energética permite reducir la necesidad de producir calor o frío por otras vías.
Aislar mejor los edificios, sustituir equipos obsoletos y optimizar los procesos industriales reduce la factura y también la presión sobre las infraestructuras eléctricas y la necesidad de generación adicional.
Ninguna medida es válida para todos los casos. Esta es la filosofía de la compañía Veolia, que gestiona en España 12.505 instalaciones que producen 1.671 GWh de energía eléctrica y térmica y permiten evitar la emisión de 119.000 toneladas equivalentes de CO₂. Sus soluciones combinan generación renovable, optimización de instalaciones, electrificación y herramientas digitales para adaptar las soluciones a las necesidades energéticas de cada cliente.
Entre las tecnologías que desarrolla destacan varias con aplicaciones diferentes, desde el aprovechamiento de recursos forestales hasta la producción de electricidad solar o el suministro térmico a varios edificios mediante una red compartida.
La biomasa permite obtener energía a partir de materia orgánica, incluidos restos vegetales y forestales. Su aprovechamiento puede dar salida a materiales procedentes de trabajos de mantenimiento y gestión forestal, siempre que su extracción y utilización se realicen de manera sostenible.
Veolia produce más de 250.000 toneladas anuales de biomasa a partir de restos vegetales y forestales con certificación SURE. Su aprovechamiento es sostenible solo si la extracción lo es, y puede reducir la acumulación de combustible vegetal en zonas forestales.
La geotermia utiliza la energía térmica del terreno para cubrir necesidades de calefacción, refrigeración y agua caliente. Mediante sistemas adecuados, permite intercambiar calor con el subsuelo y reducir la energía que deben aportar otros equipos para climatizar un edificio.
Una de sus principales aplicaciones es la climatización de instalaciones que mantienen necesidades térmicas durante todo el año, como edificios de servicios o equipamientos de uso continuado. Su rendimiento depende, entre otros aspectos, de las características geológicas del emplazamiento, del diseño de la instalación y de la demanda que debe atender.
En España, Veolia atendió a más de 100 clientes mediante esta tecnología en 2025. La compañía cifra en más de 800 toneladas anuales las emisiones de CO₂ evitadas gracias a esta actividad.
En lugar de producir calefacción y refrigeración de forma independiente en cada inmueble, las redes de calor y frío centralizan la generación y distribuyen energía térmica a los edificios conectados. Este modelo permite incorporar fuentes renovables y recuperar energía residual, además de concentrar la operación y el mantenimiento de los equipos.
La eficiencia de estas redes depende de la densidad de la demanda, las distancias de distribución y las pérdidas térmicas, entre otros factores. Por eso suelen resultar especialmente relevantes en áreas urbanas o industriales con consumidores próximos y necesidades de climatización importantes.
Veolia gestiona en España más de 600 edificios conectados, con 80 km de red, 200 MW de calor y 100 MW de frío.
La instalación de paneles fotovoltaicos permite producir electricidad a partir de la radiación solar y destinarla al consumo del propio edificio o instalación. Cuando la producción no coincide con la demanda, el almacenamiento puede ayudar a utilizar posteriormente parte de esa energía, aunque su conveniencia depende del perfil de consumo, los costes y las características técnicas del proyecto.
Veolia opera 256 instalaciones, con 345 MWp.
La sustitución de equipos que utilizan combustibles fósiles por alternativas eléctricas puede reducir las emisiones asociadas al consumo, especialmente cuando la electricidad procede de fuentes de bajas emisiones. El resultado depende de la tecnología y del origen de la electricidad.
Monitorizar los consumos permite saber cuándo, dónde y cómo se usa la energía, y detectar desviaciones que una revisión puntual no vería.
Para eso Veolia usa Hubgrade, su ecosistema digital de monitorización, análisis de datos, inteligencia artificial y mantenimiento predictivo. Permite ajustar calefacción, refrigeración, ventilación e iluminación a la ocupación real y anticipar averías. Con una advertencia: la digitalización por sí sola no ahorra. Su valor está en las decisiones que permite tomar y en el seguimiento de los resultados.
La aplicación de estas soluciones puede observarse en infraestructuras con necesidades muy distintas. En Barcelona, el foco está en el suministro térmico a varios consumidores mediante una red urbana, mientras que en Córdoba se ha centrado en la mejora energética de un complejo hospitalario, donde la continuidad del servicio es esencial.
Ecoenergies Barcelona es una red urbana de calor y frío desarrollada con el Ayuntamiento, a través de BSM, y el Grupo Copisa, con Veolia como socio mayoritario. La instalación de recuperación está en la terminal de Enagás. La red incorpora además calor de biomasa procedente, entre otros recursos, de las podas de los parques y jardines de la ciudad.
En un hospital, la climatización, la ventilación y el agua caliente no pueden fallar. En el Hospital Universitario Reina Sofía, Veolia ha construido una central térmica (inaugurada en 2019) y una planta fotovoltaica que aporta el 17% del consumo eléctrico del centro.La supervisión mediante el centro digital Hubgrade permite seguir el funcionamiento en tiempo real. El caso también sirve para recordar que electricidad renovable generada, ahorro energético y emisiones evitadas son indicadores relacionados, pero no equivalentes.
Reducir el consumo exige saber cómo se usa la energía y actuar sobre las causas de la demanda. La transición no consiste solo en cambiar una fuente por otra. También es necesario revisar cómo se producen, distribuyen y usan los recursos. Desde la vida cotidiana en los edificios hasta la planificación energética de una ciudad, la eficiencia, la electrificación, las renovables y la gestión inteligente tienen que ir juntas.
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