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Frente a la intermitencia de otras renovables, la geotermia se presenta como una energía que ofrece un suministro continuo y de alta eficiencia
La transición energética avanza a distintas velocidades según la tecnología y los recursos que se destinan al desarrollo de alternativas más limpias y eficientes. Mientras la solar y la eólica concentran buena parte de la inversión y la atención pública, otras soluciones menos conocidas empiezan a ganar terreno poco a poco. Es el caso de la geotermia, una fuente de energía renovable basada en el aprovechamiento del calor del subsuelo que, a pesar de llevar décadas disponible, no es la más conocida. Sin embargo, la necesidad actual de continuar con la reducción de emisiones, la mejora de la eficiencia y el refuerzo de la autonomía energética, le está haciendo ganar protagonismo poco a poco.
Aprovechamos la celebración del Día Internacional de la Madre Tierra, que como cada año se celebra el 22 de abril, para poner el foco en las herramientas reales de transformación, más que en los compromisos sobre el papel. Y es que, de acuerdo con las previsiones de la Agencia Internacional de la Energía, en los próximos años la geotermia va a crecer exponencialmente. Gracias a la madurez técnica de los sistemas y a su capacidad para ofrecer un suministro estable e independiente de las condiciones meteorológicas, esta energía se perfila como una opción especialmente atractiva para entornos urbanos, donde la demanda energética es constante y el espacio, limitado. Según la AIE, en 2030 su uso estará tres veces más extendido que en 2024 en buena parte del mundo.
La geotermia es una fuente de energía limpia, renovable e inagotable que aprovecha el calor natural del subsuelo. A diferencia de otras alternativas energéticas, su disponibilidad es constante: funciona las 24 horas del día, los 365 días del año. El principio físico que la sustenta es tan sencillo como poderoso: a partir de ciertas profundidades relativamente accesibles desde el punto de vista técnico, la temperatura del terreno se mantiene prácticamente igual durante todo el año. Esta estabilidad térmica es la que hace que el subsuelo funcione como un enorme intercambiador de energía.
Durante los meses de invierno, un fluido circula por una red de tuberías enterradas, absorbe el calor del terreno y lo transporta al sistema de climatización del edificio. En verano, el proceso se invierte: el calor interior se transfiere al subsuelo, que actúa como un almacén térmico natural. El resultado es un sistema altamente eficiente que proporciona calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria con un consumo energético claramente inferior al de los sistemas convencionales.
La geotermia ofrece varias ventajas que responden directamente a los intereses de los entornos urbanos de hoy en día, especialmente para ciudades con mucha densidad poblacional y urbanística, donde cada metro cuadrado cuenta, ofreciendo un alto valor económico y funcional.
En primer lugar, su integración es prácticamente invisible. Al instalarse bajo tierra, no genera impacto visual ni ocupa espacio en cubiertas o fachadas.
Por otra parte, su compatibilidad con sistemas de distribución convencionales (como el suelo radiante o los radiadores) facilita su incorporación tanto en edificios de nueva construcción como en proyectos de rehabilitación energética, lo que rebaja los costes de implementación y minimiza las interrupciones.
Desde un punto de vista operativo, los sistemas geotérmicos permiten reducir el consumo energético entre un 60% y un 85% respecto a soluciones tradicionales, algo que se traduce en una menor huella de carbono y en un ahorro económico sostenido a largo plazo, a lo que hay que sumar su larga vida útil y su mínimo mantenimiento.
Por último, la geotermia contribuye a mejorar la calificación energética de los edificios, lo que supone una revalorización de las viviendas para propietarios y promotores.
Conscientes del potencial de esta energía, en Veolia tienen 100% integrada la geotermia en su programa de transformación ecológica, GreenUp. La compañía trabaja en torno a tres grandes objetivos: descontaminación, descarbonización y regeneración de los recursos naturales.
Para poder cumplirlos, la empresa líder en servicios medioambientales trabaja en estrecha colaboración con administración públicas, industrias y el sector terciario para desarrollar infraestructuras energéticas adaptadas a las necesidades específicas de cada territorio, como es el caso de Hippiements, en Ibiza.
Hippiements es un complejo residencial ubicado en la isla de Ibiza que es ya un referente en descarbonización urbana. Este proyecto se compone de 63 viviendas y combina una propuesta arquitectónica inspirada en el estilo de las décadas de 1960 y 1970, con muchos espacios abiertos, luz natural y perfectamente integrada en el entorno, con una infraestructura energética de última generación. Sí, gracias a la experiencia técnica de Veolia, Hippiements cuenta con una instalación geotérmica capaz de cubrir el 100% de la demanda energética del edificio, basada en 24 pozos verticales perforados a 130 metros de profundidad y una capacidad térmica de 300 kW. Este sistema permite generar de forma simultánea calefacción, refrigeración y agua caliente sanitaria desde una única fuente.
El aprovechamiento del calor residual es otro de los valores añadidos de esta innovadora propuesta. Durante el proceso de refrigeración, el calor extraído se aprovecha para producir agua caliente sanitaria sin coste energético adicional. Gracias a esta optimización, es posible incrementar la eficiencia y crear una barrera frente a la volatilidad de los precios de la energía.
Este proyecto supone un cambio de paradigma: a pesar de las complejidades técnicas, el resultado demuestra que este tipo de soluciones son viables y escalables. Las cifras así lo confirman: reducción a la mitad de las emisiones de CO2 respecto a otros sistemas de climatización más convencionales, con consumo cero de agua y sin emisiones directas a la atmósfera. Es por eso que Veolia apuesta por su réplica en territorios similares, como islas o zonas urbanas con limitaciones de espacio.
Y es que, si hablamos de transición energética, no podemos recurrir a soluciones únicas ni enfoques simplistas. Es necesario adaptarse a los diferentes contextos y necesidades y, en este sentido, la geotermia está haciéndose con un lugar muy relevante.
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