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Todos los días generamos toneladas de residuos a partir de recursos naturales que nos da el planeta a un ritmo mayor del que necesitan para regenerarse. Por ello, reciclar ya no es solo una opción, sino una absoluta necesidad si queremos paliar los efectos de la deforestación y el cambio climático.
Desde 1994, cada 17 de mayo se celebra el Día Mundial del Reciclaje, una fecha ineludible con el futuro de nuestro planeta y con los Objetivos de Desarrollo Sostenible que tenemos para el final de la década.
Con la creciente conciencia sobre las emisiones de dióxido de carbono, la gestión de los vertederos y el gasto energético de una economía lineal que consume y desecha, ha quedado patente la necesidad de dejar atrás este modelo productivo de “usar y tirar”.
Así, nace la economía circular, una apuesta por la generación de productos y servicios sostenibles que reduzcan el consumo, el gasto de recursos y el desperdicio. En este modelo, el reciclaje es una acción clave que permite dar una nueva oportunidad a todo lo que utilizamos y, de este modo, paliar los efectos del cambio climático que se deben al uso desaforado de nuestros recursos naturales.
Por eso, reciclar es sinónimo de cuidar el medioambiente.
Afortunadamente, en nuestro país el hábito de separar nuestros residuos está muy instaurado en el día a día. Solo el año pasado se reciclaron más de 1,5 millones de toneladas de envases domésticos, que incluyen el plástico, el brik, el metal y el papel o cartón, tal y como explica Ecoembes. En el caso de los plásticos, en 2024 fueron 589.885 toneladas las que echamos al contenedor amarillo.
Sin embargo, y aunque la mayor parte de la población recicla a diario, hay quien aún tiene cierto escepticismo a la hora de entender qué ocurre cuando se tratan este tipo de materiales para una nueva vida. Y es que, si bien puede parecer muy simple, se trata de un gesto que puede marcar la diferencia, sobre todo, para nuestro planeta.
Por eso, veamos qué hay detrás de los procesos de reciclaje.
Todo empieza con la recolección. Cuando, por ejemplo, tiramos una botella de plástico al contenedor de reciclaje de nuestro municipio, la estamos enviando a una planta de reciclaje, donde su material será tratado en el camino hacia tener una segunda vida.
Para ello, se empieza por separar los diferentes tipos de plástico que se han recolectado, ya sea manualmente o a través de sofisticadas tecnologías que permiten clasificarlos según su tipo y color.
A continuación, se trituran en pequeñas partículas, llamadas escamas. Gracias a esto, pueden lavarse de forma efectiva para eliminar cualquier contaminante, como residuos de alimentos, etiquetas y adhesivos, y asegurar que el plástico reciclado sea seguro y adecuado para su posterior procesamiento.
Una vez están las escamas listas, se introducen en una máquina de extrusión. Durante este proceso, el plástico se calienta hasta fundirse en un líquido espeso que luego se convierte en nuevas formas, que darán lugar a una gran variedad de productos nuevos.
Así comienza su nueva vida.
Como líder mundial en descarbonización, economía circular y gestión optimizada de recursos, Veolia es hoy un actor clave en la transición verde hacia un mundo más limpio y sostenible.
Ejemplo de ello son sus plantas de reciclaje, referentes en el sector gracias a sus más de 30 años de funcionamiento, como es el caso de La Red.
Esta planta es capaz de tratar 120.000 toneladas de residuos plásticos al año a través de las instalaciones y centros integrados que tiene en Alcalá de Guadaira y Los Palacios, ambas localidades de Sevilla.
Su especialización reside en plásticos industriales, agrícolas y posconsumo, cuyos cuidados procesos de producción le permiten tener un porfolio muy variado de granzas y materiales de la más alta calidad.
La Red cuenta con certificaciones para asegurar la calidad de los productos y el cuidado del medioambiente, como la norma UNE-EN 15343 que garantiza la trazabilidad y evaluación de conformidad del reciclado de plásticos.
Además, su funcionamiento está homologado con el SIG (Sistema Integrado de Gestión) de Ecoembes que supervisa que el proceso de reciclaje es óptimo.
En el municipio de Torremejía de Badajoz se encuentra TorrePET by Veolia, una planta que a su vez sirve de marca para la producción de granza de PET reciclado de grado alimentario de la más alta calidad y todo el ciclo de reciclaje completo.
Desde su fundación en el año 2005, esta planta se ha especializado en el PET, uno de los plásticos más utilizados en la industria de gran consumo, particularmente en el sector alimentario, gracias a propiedades como su ligereza, su transparencia o su flexibilidad, entre muchas otras.
TorrePET complementa a La Red by Veolia y ha recibido la certificación de Fin de Condición de Residuo, convirtiéndose en la primera empresa de este sector en España que alcanza esta distinción.
Reciclar hoy en día es un imperativo medioambiental. Revalorizar y dar una segunda vida a nuestros desechos y reaprovechar los materiales que aún tienen un uso posible es fundamental para ser más sostenibles y conseguir reducir nuestro en el entorno.
Gracias a esto, somos capaces de reducir los residuos que llenan los vertederos, ahorramos en materias primas, rebajamos las emisiones de dióxido de carbono y damos impulso a la economía circular, que es el futuro.
Veolia centra su estrategia empresarial en las cadenas de valor de los materiales y en su reincorporación al ciclo productivo. Sus instalaciones, gracias a la tecnología más avanzada y al firme compromiso ambiental de la compañía, dan una nueva vida a residuos, que, de otra manera, serían muy contaminantes para el planeta.
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